Mario Castro asume como director del Museo Nacional de Historia Natural

El arqueólogo y Master of Arts y PhD en Antropología Biológica posee una larga y vasta trayectoria como encargado de proyectos de inversión de la Subdirección Nacional de Museos del Servicio.

Este lunes 5 de octubre de 2020 asumió en sus funciones el nuevo director del Museo Nacional de Historia Natural, Mario Castro Domínguez, quien resultó ganador del concurso público con que el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio convocó a un proceso de selección para proveer este cargo directivo en uno de los tres museos nacionales que forman parte del mencionado Servicio.

Al momento de su nombramiento, el profesional se desempeñaba como encargado de proyectos de inversión en la Subdirección Nacional de Museos, responsabilidad que ejercía desde hace más de 19 años y a través de la cual prestaba soporte a la formulación, supervisión y gestión en terreno de los proyectos de infraestructura y/o museografía dependientes de dicho organismo. En este cargo que ejerció desde abril de 2000 a la fecha, Castro Domínguez encabezó capacitaciones y asesorías en planificación estratégica y formulación de proyectos dirigidas a profesionales de los museos del Servicio como también asesorías en materias de conservación y exhibición de patrimonio bioantropológico.

Junto con agradecer la labor como directora subrogante de María Isabel Orellana, el subsecretario del Patrimonio Cultural Emilio De la Cerda dio la bienvenida al nuevo director y destacó la envergadura del desafío: “La herencia de este museo es enorme: es el más antiguo del país, surge previo a la investigación formal de las universidades convirtiéndose en un arca y punta de lanza del conocimiento, y fue hogar de grandes próceres y gestores del siglo XIX y XX. Junto con ello, es de los más queridos y visitados por la gente. Esta trayectoria nos apela y desafía a mirar con ambición, responsabilidad y alegría los retos pendientes y del futuro. Uno de los primordiales será concretar los proyectos de infraestructura para superar las consecuencias del terremoto y ampliar definitivamente los espacios. Asimismo ver cómo seguimos renovando la relación con los públicos y las regiones en el marco de nuevos paradigmas que nos impone el siglo XXI. Un nuevo ciclo con tareas importantes para abordar junto a los increíbles equipos del museo y ahora en el marco de Ministerio de las Culturas”.

Arqueólogo de la Universidad de Chile, Master of Arts y PhD en Antropología Biológica de la Universidad de Toronto, Canadá, el profesional cuenta con una amplia experiencia en la institución desde su ingreso como curador al Museo Histórico Nacional, subdirector Nacional de Museos entre julio de 1997 y abril de 2000, y desde abril hasta diciembre de 2014.

“Este es un tremendo desafío considerando la envergadura de la institución, la trayectoria y la historia que hay detrás, lo que eso significa para el mañana y proyectarlo acercándonos a los 200 años. Como la idea es proyectarlo 100 o 200 años más, es un trabajo bien agotador pero muy estimulante y también provocador. Creo que si logramos que este museo se consolide en todos los desafíos que tiene, particularmente en infraestructura, en potenciar más sus colecciones, en ser aún más valorado de lo que es por la ciudadanía, será fantástico, ese es el mejor desafío que podemos tener”, expresó el nuevo director del Museo Nacional de Historia Natural, Mario Castro.

Entre sus logros, Castro ha desarrollado también una relevante carrera docente como profesor de Anatomía Humana en la Universidad de Chile desde el año 1980 hasta el año 2006 y luego en la Universidad del Desarrollo desde 2007 a la fecha. Además, fue Investigador responsable en la identificación del cuerpo de Diego Portales, y comisario de colecciones en el préstamo de la momia Chinchorro para la exhibición temporal “Great Journey, el viaje de la humanidad” realizada en el Museo Nacional de la Naturaleza y Ciencia en Tokio en 2013.

Ha publicado numerosos artículos referidos a la especialidad bioantropológica en revistas científicas indexadas y ha participado en numerosos proyectos de investigación e inversión a través de fondos sectoriales, de Fondo de Apoyo a la Investigación Patrimonial (FAIP), y  del Fondo Nacional de Desarrollo Regional, FNDR, relacionados a su trayectoria institucional.

El designado directivo tiene como objetivo liderar y gestionar de manera integral y estratégica el Museo Nacional de Historia Natural conforme a los mandatos institucionales y los lineamientos del Servicio, poniendo a disposición de las diversas comunidades un museo moderno y articulado acorde a los desafíos museológicos, científicos y tecnológicos actuales, mediante estilos de trabajo que aporten al cumplimiento de la misión institucional de generar conocimiento y valoración del patrimonio natural y cultural de Chile mediante experiencias memorables.

El director del Servicio Nacional el Patrimonio Cultural (SNPC), Carlos Maillet Aránguiz, afirmó que “es un día histórico porque los museos son las personas y detrás de eso hay una comunidad que espera venir a visitarlo, venir a conocer, a empaparse de la cultura, del patrimonio y la ciencia. Por otro lado están los funcionarios, que están en un momento en que necesitan compañía, liderazgo, empatía. Necesitan saber hacia dónde va este museo. Por lo tanto es muy importante el rol que cumplimos todos nosotros con los equipos para poder llevar el museo a sus 200 años con una gran perspectiva, con grandes desafíos, con incidencia en las políticas públicas, en la construcción de nuestra sociedad. Así que le deseamos lo mejor al nuevo director porque si a él le va bien, a todos nosotros nos va bien y a los equipos les va bien”.

Valdivia/ Mala calidad del aire y pobreza energética: aliados invisibles del COVID-19

El uso de leña como combustible, sumado a las malas condiciones de aislación de las viviendas y los altos índices de contaminación del aire, podrían generar condiciones muy favorables para el desarrollo del Covid-19 en las ciudades del sur de Chile afectando a la población más vulnerable, según estudio de investigadores CEDEUS.

Por: Lila Osorio, CEDEUS

La capital de la Región de Los Ríos presenta un uso intensivo de leña para calefacción, tal como el resto de las ciudades del centro-sur de nuestro país, las que han estado entre las más contaminadas del mundo en varias ocasiones.

Felipe Encinas, investigador CEDEUS y académico de la Facultad de Arquitectura UC, explica que “la precariedad del ambiente intradomiciliario tiene consecuencias negativas para la salud física y mental de las personas, y aumenta su vulnerabilidad frente a enfermedades que atacan al sistema respiratorio. Hay evidencia en Estados Unidos e Inglaterra acerca del rol de los contaminantes en la dispersión e incidencia de COVID-19”.

En el caso de Valdivia, señala Encinas, el 25% de las familias están sometidas a un estrés económico agudo y permanente, en el cual el abastecimiento de energía es secundario ante las dificultades que tienen para satisfacer necesidades básicas. Ello implica que, para calefaccionarse, la población más vulnerable recolecte leña o incluso materiales de desecho para combustionar sistemas que no siempre tienen la ventilación adecuada. Y ello en casas que no cuentan con estándares térmicos por lo tanto más difíciles de calentar.

Dado que existen antecedentes acerca de la que la contaminación atmosférica aumenta la tasa de incidencia y mortalidad de las enfermedades respiratorias, es relevante conocer cuáles son los sectores más contaminados en cada ciudad y quienes están más expuestos a la contaminación.

El estudio establece cuáles son los sectores en Valdivia que presentan mayores índices de contaminación por el uso de combustibles no adecuados, determinando que la contaminación atmosférica no afecta a todos por igual, sino que se concentra en ciertas áreas como las poblaciones Altos de Mahuiza, Pablo Neruda, Yáñez-Zabala, los Ediles, el sector conocido como CORVI, y en torno al Parque Kramer.

Además, al cruzar dicha información con datos demográficos que indican en qué sectores viven la población de mayor edad, y por ende más vulnerable al COVID-19, queda en evidencia que son las mismas áreas más contaminadas. Y donde también existe una mayor concentración de familias pertenecientes a los primeros tres deciles de ingreso, es decir, familias con una mayor vulnerabilidad económica y social, lo cual es coincidente con la precariedad de la vivienda.

Un porcentaje muy importante de los habitantes del centro-sur de nuestro país está sometido a condiciones desfavorables de acceso a la energía para lograr confort térmico en sus hogares. Como consecuencia, la población enfrenta una carga económica importante asociada a la compra de energía para calefacción, llevándola a preferir combustibles de mala calidad, pero a precio asequible, con múltiples consecuencias para la salud

Esta problemática es denominada como pobreza energética y se asociada a tres causas principales: bajos niveles de ingresos, altos costos de energía y bajos niveles de eficiencia energética residencial.

Según los investigadores, este concepto posibilita comprender mejor el uso de combustibles no apropiados, considerando su asequibilidad (precio relativo en comparación a otras fuentes de energía), su accesibilidad (posibilidad de autoabastecerse a través de recolección) y su capacidad calorífica. Este último aspecto es muy relevante en un contexto ambiental caracterizado por el frío y la humedad.

Considerando sólo los meses de invierno, el 60% de los hogares de Valdivia podrían estar en un estado de pobreza energética, ya que utilizan más del 10% de sus ingresos para satisfacer necesidades de energía. El estado de la vivienda es probablemente uno de los factores más relevantes en este análisis, en términos del impacto potencial que el frío, la humedad y la contaminación atmosférica puedan tener en la salud de las personas que las habitan.

A partir de este análisis, para el equipo se vuelve evidente la necesidad de mejorar las condiciones de aislación térmica de las viviendas, el acceso a fuentes energéticas de mejor calidad y la protección de la población vulnerable a partir del refuerzo del sistema de salud. Es para esto necesario que se accionen políticas urgentes, de mediano y largo plazo a modo de mejorar la aislación de las viviendas y el uso de energías limpias y sostenibles.

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